Macri aspira a anunciar a fin de año un acuerdo Mercosur-Unión Europea

Terminó agotado después de cinco días de agenda apretadísima. Reuniones, almuerzos, cenas de gala, discursos, entrevistas, homenajes. Pero Mauricio Macri se volvió ayer a Buenos Aires con la sensación de haber dado en España «un paso histórico» en su plan para recuperar la confianza internacional hacia la Argentina.

«Los empresarios tomaron dimensión del cambio que estamos proponiendo. A medida que consolidemos la confianza las inversiones se van a potenciar», dijo antes de partir en un breve diálogo con periodistas que cubrieron la visita de Estado.

A la hora de señalar objetivos cumplidos, el Presidente destaca el compromiso que consiguió del gobierno de Mariano Rajoy para impulsar en la Unión Europea (UE) el acuerdo de libre comercio con el Mercosur, que él considera decisivo para el desarrollo de largo plazo.

Regresó al país con la idea de que podrá anunciar un pacto político entre los dos bloques en la cumbre bianual de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que Buenos Aires acogerá en diciembre. Después quedarían no menos de tres años de definiciones técnicas y aprobaciones parlamentarias.

Es una meta ambiciosa si se tiene en cuenta que las negociaciones empezaron en el 2000 y que persisten fuertes resistencias en países clave de Europa, como Francia.

No por casualidad las elecciones en ese país captan de manera especial la atención de la Casa Rosada. Rajoy le dijo a Macri durante su reunión en el Palacio de la Moncloa que se pondrá a trabajar por el acuerdo en Bruselas apenas se despeje el escenario francés.

Nada se moverá hasta después del 7 de mayo, fecha de la segunda vuelta electoral francesa. Todos los pronósticos ubican en esa instancia a la ultraderechista Marine Le Pen, del Frente Nacional, férrea defensora del proteccionismo al mejor estilo Donald Trump.

Si finalmente pierde -al día de hoy el mejor ubicado para ganarle es el liberal Emmanuel Macron-, podría acelerarse el plan de integración comercial. ¿Y si triunfa Le Pen? Ahí el problema es otro: la propia UE pendería de un hilo.

En Francia las resistencias al acuerdo son fuertes, sobre todo por las presiones del lobby agropecuario, el sector que podría salir más perjudicado en la competencia con los sudamericanos. También Irlanda y Polonia se resisten. Holanda es otra de las claves: allí se vota un nuevo gobierno en marzo y la ultraderecha aislacionista vive días de auge.

Macri dijo en todos sus discursos en Madrid que la ola proteccionista que emana de los Estados Unidos puede ser «una oportunidad» para la integración comercial entre los países que no comparten esas tesis.

Eligió el escenario de alta exposición que le sirvieron Rajoy y el rey Felipe VI para delinear su perfil de líder liberal. «Reglas claras», «previsibilidad», «transparencia» fueron las palabras que más pronunció.

Y aun así es difícil desconocer que pesa un prejuicio firme sobre la Argentina, considerada una nación indescifrable, que oscila cíclicamente de extremo a extremo.

No lo niega del todo el Presidente. «El mundo evalúa lo que se hace en la Argentina día por día. Tenemos que convencer de que este cambio y este rumbo van en serio», dijo ayer.

Macri se declaró agradecido por la recepción que le dio España. «Hay tres cosas que lo explican -opinó-. Una es que celebran la vuelta de la Argentina al mundo. Otra es el enorme interés de España por nuestro país. Y la última, un acuerdo político claro con las reformas que estamos impulsando.»

A los elogios del rey y de Rajoy durante los primeros días de la visita de Estado, le siguieron muestras de buena sintonía con los empresarios españoles, todavía decisivos en la economía nacional a pesar de los cortocircuitos que durante el kirchnerismo achicaron de manera drástica el volumen de negocios.

Sin embargo, Macri volvió a Buenos Aires sin nuevas inversiones de las que presumir. La cautela se mantiene como regla entre los ejecutivos, mientras esperan a ver si el giro pro mercado del Gobierno se consolida políticamente o empieza a exhibir resultados concretos en la actividad económica.

Tampoco pudo resolver el mayor conflicto que existe hoy con el capital español: la discusión con el gigante Telefónica por la nueva regulación del mercado de las comunicaciones.

En el último día del viaje, a Macri lo visitaron por separado dos figuras centrales de la historia reciente de España, los ex presidentes Felipe González (socialista) y José María Aznar (conservador). Y antes de irse alimentó su amistad con el presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo. Lo invitó a recorrer las obras del fastuoso estadio que el club construye al este de Madrid.

Fuente: La Nación.com