| El 22 de febrero, el Director General de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Roberto Azevedo, anunció que el Acuerdo sobre Facilitación de Comercio (AFC) ya era una realidad, luego de reunir la adhesión de 110 países. Casi sin quererlo, este acuerdo que parecía estar agonizante, de golpe, mató dos pájaros de un tiro. Además de los considerables beneficios económicos que traerá al crecimiento de la economía y del comercio mundial, inauguró un enfoque distinto a la práctica tradicional para cerrar acuerdos comerciales multilaterales. Desde esta nueva perspectiva, adecuada a las transformaciones de las últimas décadas, las necesidades individuales de los países en desarrollo y menos adelantados empiezan a tener peso propio. Y de esta forma se resuelve una de las cuestiones críticas que mantuvieron prácticamente paralizadas las conversaciones de la Agenda de Doha por más de quince años.
Suena paradójico que justamente ahora, en esta era en la que se empiezan a observar severos cuestionamientos a la globalización y a la liberalización comercial, se ponga en marcha un acuerdo de estas características. Y mucho más aún ante la duda constante que pesó como la espada de Damocles, sobre la capacidad o la posibilidad de que los 164 países que integran la OMC se puedan poner de acuerdo en algo. El pacto, concluido en Bali en 2013, permitirá hacer más eficientes y ágiles las transacciones comerciales internacionales, simplificando los procedimientos, requisitos y formalidades en los trámites de importación o exportación de mercancías, así como promover la cooperación aduanera. Para las empresas, y especialmente para las pequeñas y medianas (pymes), es un camino que permitirá un rápido acceso a las cadenas de valor a un menor costo. Una herramienta que al final mejorará el clima de negocios, la competitividad de la economía y promoverá las inversiones en general. Los economistas de la Organización prevén que su completa implementación reduciría los costos globales del comercio en aproximadamente un 14,3%, y acortaría los tiempos de importación y exportación en un 47% y un 91% respectivamente, en relación al promedio general actual. A su vez, se estima que el impacto que traerá el Acuerdo en el comercio mundial permitirá bajar los costos y a su vez generar más actividad. Y ambos elementos aportarían un promedio anual de un trillón de dólares a favor. Como si en un “universo imaginario” se eliminaran de una sola vez todas las tarifas aduaneras alrededor del mundo. Este beneficio pasa a ser un respaldo importante para el comercio internacional cuyo crecimiento se mantiene por debajo del PIB, cuando tradicionalmente lo triplicaba. Desde una perspectiva global, los acuerdos comerciales pueden contribuir al crecimiento económico mundial en su conjunto, pero no garantizan que los beneficios se distribuirán justamente entre los países. Por lo general, los menos desarrollados, ganan poco en términos comparativos o incluso pueden verse desfavorecidos. En el ámbito internacional no hay una autoridad central que pueda decidir sobre la redistribución de la riqueza en el mundo. Y sin duda, el problema de la justicia distributiva debe contemplarse en el momento de las negociaciones. Si algo distingue a este acuerdo de los anteriores es que los países en desarrollo y menos adelantados, son los que definen individualmente el grado, el tiempo y la forma de su implementación. Más aún, se la vincula explícitamente a la ayuda necesaria para que cada uno pueda participar de los beneficios. Lo cual marca un hito en el sistema multilateral de comercio. Resuelve con un enfoque original los dilemas que encierran los vínculos entre el comercio y el desarrollo. Esta modalidad emergió de los propios países en desarrollo y menos adelantados. La Argentina, que favoreció decididamente ese diseño, hoy, junto a otros países de la región, lo promueve en otros campos como el de las subvenciones pesqueras, por ejemplo. Ante este cambio de perspectiva en la Agenda de Doha, se abren nuevas esperanzas para que la OMC salga de su letargo y vuelva a convertirse en un foro atractivo para el comercio internacional. Mientras tanto, ya se ha iniciado la marcha hacia la próxima Conferencia Ministerial que será en Buenos Aires en diciembre de este año. Diplomático (*) Se abren nuevas esperanzas para que la OMC salga de su letargo y vuelva a convertirse en un foro atractivo para el comercio internacional. Fuente: Río Negro.com.ar |
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