En los últimos meses, algunos acontecimientos de impacto internacional fueron ratificando el inicio de una nueva etapa en el comercio global. Los más relevantes tienen que ver con la nueva posición de la administración Trump respecto a los pilares de la política comercial seguida por los últimos gobiernos en Estados Unidos. En los hechos, en poco más de un año, retiró a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico (TPP), inició la renegociación del NAFTA y congeló cualquier avance en las negociaciones en el marco del conocido como acuerdo Transatlántico (TTIP) que lo vincula con la Unión Europea.
Por otro lado, se muestra contrario a que se registre cualquier logro en el ámbito de la OMC, bloqueando los acuerdos de la Conferencia Ministerial de Buenos Aires y afectando en normal desarrollo del Sistema de Solución de Diferencias del organismo multilateral. Más recientemente, el gobierno de Estados Unidos fue cumpliendo con su promesa de campaña respecto a la suba de los aranceles para proteger la industria nacional. Primero aplicando salvaguardas a la importación de paneles solares y máquinas lavadoras, para luego elevar los aranceles al acero y aluminio por razones de seguridad nacional, medida que por cierto golpea con fuerza a las exportaciones de Brasil y Argentina.
En este contexto claramente proteccionista, el Mercosur sigue con algunas dificultades para avanzar en su agenda externa, mientras que con la aprobación del Protocolo de Cooperación y Facilitación de Inversiones Intra – Mercosur y el de Contrataciones Públicas, podría argumentarse que existe cierto progreso en la agenda interna.
Lo cierto es que más allá de un notorio cambio en las posiciones de los socios del bloque respecto a la apertura comercial, lo que llevó a la concreción de un importante número de contactos internacionales, en las últimas dos presidencias pro tempores del bloque a cargo de Argentina y Brasil no se llegó a resultados concretos. La imposibilidad de cerrar las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea en Buenos Aires para su posterior comunicación en el marco de la Cumbre del Mercosur en Brasilia, confirma que aún existen diferencias sustanciales entre las partes.
De cualquier forma, luego del traspié de Buenos Aires se registraron algunos avances, ya que en los primeros meses de 2018 se confirmó en Bruselas el aumento de la oferta de carne de 70.000 a 99.000 toneladas, definiéndose además aproximaciones en la oferta de etanol. Hasta el presente existen diferencias en la cuota del azúcar que es de especial interés ofensivo de Brasil y en donde la Unión Europea presenta dificultades, así como en otros productos agrícolas (en los dos casos la Unión Europea se muestra defensiva para evitar la erosión de preferencias otorgadas a los países de menor desarrollo relativo en África y Asia).
Por su parte, el Mercosur aumentó en algunos puntos porcentuales su cobertura en bienes industriales, mientras se sigue discutiendo respecto al porcentaje mínimo de productos que deben incluirse en la canasta de liberalización inmediata una vez el acuerdo entre en vigencia (se están manejando cronogramas de desgravación con un máximo de 15 años). Otros asuntos en pleno debate refieren al régimen de origen, la exclusión del sector lácteo, las indicaciones geográficas, los regímenes excepcionales, el sector automotriz y algunos subsectores de servicios (como los marítimos).
Recientes estudios elaborados a pedido de la Comisión Europea ratifican la pérdida de la importancia de los impactos esperados por el cierre de un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, lo que le otorga un mayor componente político. Debido a la relevancia adquirida por China como socio del Mercosur, se trata de dos bloques que en la actualidad comercian en menor medida que en el pasado. Por otro lado, el paso del tiempo modificó claramente la ambición del tratado que hoy acepta excepciones sectoriales y ofertas más reducidas, reconociéndose incluso que el Mercosur no opera como una unión aduanera (menos todavía como un mercado común) y aceptando que uno de sus miembros no es parte del acuerdo (lo que podría tener ciertas implicancias jurídicas en el futuro).
Más allá del papel adquirido por el componente político debido a la baja del comercio entre los dos actores y por los cambios estructurales registrados en los últimos tiempos (cambios tecnológicos, nuevas formas de producir, el papel de los servicios o el rol de los alimentos, entre tantos otros), el impacto económico sigue siendo relevante para los países del Mercosur en términos del PIB.
Los estudios indican que los beneficios en PIB tanto para Brasil como para Argentina estarían cercanos al 1% del producto, menos para el caso de Uruguay y un impacto casi nulo para Paraguay que ya cuenta con un acceso preferencial en el marco del denominado SGP Plus. Los efectos en términos del bienestar por las ganancias en el consumidor (baja de precios en bienes y servicios) también deben ser considerados. Para el caso del Mercosur existe un beneficio que, si bien es de difícil cuantificación, parece indudable. Se trata del impacto del eventual cierre de un acuerdo con la Unión Europea en la dinamización de la agenda interna y externa del bloque sudamericano.
Considerando los escasos avances del Mercosur en cuanto a su agenda externa en estos últimos años, parece el momento indicado para darle al bloque una bocanada de aire que evite los posibles quiebres de su ya delicada cohesión regional. En ese sentido, los negociadores de los países miembros deberán transitar el difícil equilibrio de no otorgar concesiones que rompan con los pilares y el patrimonio histórico de la política comercial de los socios, pero evitando que reclamos puntuales traben el tan necesario cierre del acuerdo. En el escenario actual, lo que parece más apropiado es el cierre de un tratado con posibilidades de ser ampliado posteriormente, en lugar de aceptar un nuevo corte del proceso negociador en momentos en que existe incertidumbre en el Mercosur por las elecciones nacionales en Brasil.
Para ello, no solo se deberá contar con voluntad política, sino también con el apoyo de otros actores productivos que todavía se muestran contrarios al acuerdo (recientemente todas las gremiales industriales del Mercosur se posicionaron contra el mismo). Será necesario hacer el esfuerzo de analizar sus posibles impactos más allá del lente sectorial. Ese ejercicio implica calibrar los otros efectos del mismo, ya sea en el plano político como en el de la cooperación, pero especialmente en el salto cualitativo que un acuerdo de estas características provocaría en el Mercosur.
En un mundo que mantiene su dinamismo en cuanto al cierre de acuerdos comerciales, como lo demuestra la reciente firma del denominado TPP 11, es imperioso culminar con las negociaciones en curso. Además de la que se mantiene con la Unión Europea (técnicamente iniciadas en el año 2000), el bloque sigue adelante con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) y con India. El pasado 9 de marzo, todos los cancilleres de los países originarios del Mercosur lanzaron las negociaciones con Canadá. Si bien los contactos entre el Mercosur y el país norteamericano no son una novedad, sí adquieren un nuevo impulso en momentos en que Canadá enfrenta de primera mano las políticas proteccionistas de Trump.
Otro importante número de contactos fueron realizados por la presidencia pro tempore de Brasil y continúan a cargo de la actual presidencia de Paraguay. Entre otros, se destacan los intercambios con la Unión Económica Euroasiática, las reuniones con Túnez y Marruecos, los acercamientos con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y Singapur.
En 2018, será necesario seguir adelante con el dinamismo económico y comercial que los miembros le han otorgado al Mercosur, pero dichos esfuerzos deberán necesariamente confirmarse con el cierre de algunas de las negociaciones en curso. Los miembros siguen perdiendo preferencias respecto a sus competidores, lo que está afectando la adecuada inserción internacional de las empresas del bloque y, por tanto, el desarrollo económico de todos los miembros del Mercosur.
For Export
Ignacio Bartesaghi
Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica del Uruguay y Director del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la misma universidad. Doctor en Relaciones Internacionales e integrante del Sistema Nacional de Investigadores de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Uruguay. Twitter: @i_bartesaghi
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