Una espada de doble filo es mortífera si se usa para atacar. Y también lo es si por falta de pericia o suerte el segundo filo se encuentra con el que la maneja.
Algún romántico puede decir que todo aquello que vale la pena en la vida tiene doble filo; desde la miel y la hiel del amor, pasando por la realización y el stress de un trabajo que a uno le apasiona, hasta llorar por emoción o sufrimiento mirando fútbol. Casualmente, han sido más las veces los últimos años que hemos sufrido y lamentado futbolísticamente al enfrentar a Brasil (Copa América 2004 y 2007, Copa Confederaciones 2005, el último 0-3 del mes pasado por eliminatorias), que las que nos tocó llorar por emoción (gracias Román por aquel gol).
Si la relación con Brasil la llevamos al plano económico, también encontramos un filo doble. El gigante vecino es nuestro principal socio comercial y, a la vez, nuestro principal competidor. La lógica entre ambos países es riquísima y las complementariedades de ambas economías dotan al Mercosur de un potencial inmenso.
Pero a la vez, en el corto plazo coyuntural, sobre esta lógica, cuando a Brasil le va bien, aumentan los potenciales negocios y la demanda brasileña de productos argentinos. Cuando no, se siente. Dimensionemos qué se siente.
Brasil no levanta. Tras una caída de su producto de 3,8% en 2015, se espera que el 2016 cierre con una contracción de similar magnitud, en torno al 3,4% según estimaciones del Banco Central de Brasil.
Tras una caída de en el PBI de 3,8% en 2015 se espera que 2016 cierre con una baja de 3,4%
Si bien se espera que en 2017 cambie la tendencia, hay coincidencias en que esta recuperación será lenta y la economía brasileña crecerá en torno del 1% (Fuente: Latin Focus y Banco Central de Brasil), siendo esta previsión menor a la que se hacía meses atrás. El consumo privado culminará el 2016 con una baja superior al 4% y la inversión caerá cerca del 9%. No obstante, será la inversión lo que explique cierta recuperación en 2017, dado que se estima que crezca en torno a 2,5%. Por su parte, el consumo privado se mantendrá estancado, con un crecimiento exiguo previsto en torno a 0,2%.
A su vez, la producción industrial brasileña ha mostrado un desempeño reciente muy preocupante. Tras contraerse 4,2% en 2014 y 9,9% en 2015; en los primeros diez meses del 2016 el retroceso acumulado es de casi 7%. Como señala la UIA en su último informe industrial, si bien las cifras recientes daban indicios de una posible recuperación de la actividad industrial brasileña, en octubre esta tendencia se detuvo. Sumado a ello, de acuerdo al Banco Central de Brasil, las perspectivas para la industria general en 2016 es una caída del 6,7% y las estimaciones para 2017 de crecimientos bajaron a 0,75%.
Ante este panorama ¿En qué se ve afectada la Argentina? En primer término, que el consumo y la actividad industrial brasileña muestren tan magro desempeño afecta directamente a nuestras exportaciones, dado que Brasil es su principal destino. Las ventas externas argentinas a Brasil cayeron 14,3% en los primeros once meses del año. Si tomamos solo las exportaciones de manufacturas de origen industrial (MOI), que representan un 62,5% del total de nuestras ventas al vecino país, el retroceso fue de 24,6% con respecto al mismo período del 2015.
En diez meses de 2016 la industria de Brasil acumula un pérdida de casi el 7%
Esto cobra mayor dimensión si consideramos que las exportaciones MOI a Brasil son 1/3 del total de nuestras exportaciones de manufacturas industriales totales. Argentina es proveedora de bienes intermedios para la industria brasileña, así como también de bienes industriales de consumo o inversión, siendo la venta de automóviles el ejemplo más significativo.
Es necesario destacar que esta retracción en el ritmo exportador hacia Brasil no es algo solo observable este año.
El volumen de comercio bilateral se contrajo un 41% entre 2011 y 2015. Particularmente, contando 2016, las exportaciones hacia Brasil exhiben su quinto año consecutivo de caídas interanuales. En 2015, según un estudio de la UIA, 2 de cada 3 dólares que se dejaron de exportar se explican por el retroceso de ventas a Brasil. Como señalamos en BAE el 21/11; la retracción de fuentes de dólares genuinas como las exportaciones industriales es uno de los ingredientes del escenario de restricción externa que vive Argentina. Esto se amplifica al dimensionar la dependencia de nuestro país para con Brasil, sumándose que a la vez se ponen en riesgo los empleos industriales vinculados con negocios de carácter bilateral.
En segundo término, volviendo a la lógica de doble filo, el comportamiento del tipo de cambio brasileño incide en nuestra economía. Como dijimos, Brasil es nuestro principal socio comercial y, a la vez, nuestro principal competidor.
Esto significa que una depreciación de la moneda brasileña, abarata en las plazas internacionales los productos de dicho país. Dos efectos se desprenden
de esto: por un lado, aumenta la presión importadora de productos brasileños que compitan con locales en el mercado argentino. Por otro, los productos argentinos que compiten con sus pares brasileños en el extranjero pierden mercado por precio. Sin contar que Brasil, dada su tradición en política industrial, está en mejores condiciones de controlar la inflación de sus costos industriales que Argentina, aun en el marco de depreciación de su moneda. Esto implica que depreciaciones del real ponen presión sobre el tipo de cambio argentino. En este sentido, tras superar los 4 reales por dólar en el segundo semestre de 2015, la moneda brasileña mostró una constante apreciación en 2016, situándose en R$3,12 por dólar a inicios de septiembre. Sin embargo, en los últimos tres meses, el TCN brasileño interrumpió la tendencia declinante, orillando los R$3,5 en noviembre y llegando a mediados de diciembre a R$3,39. Si bien, a priori, para 2017 no se esperan grandes saltos cambiarios como los de 2015, parte de las expectativas de crecimiento van de la mano de una tendencia alcista del tipo de cambio, sobre todo en un escenario internacional signado por el fortalecimiento del dólar ante las subas en las tasas internacionales de referencia y la depreciación de monedas de los países emergentes.
Nuevamente, esto aporta presión a la restricción externa argentina.
Para concluir, debemos enfocarnos en “lo que potencialmente podríamos sentir” que en “lo que se siente”. La clave del vínculo con Brasil es profundizar los canales que el Mercosur brinda como estrategia de integración económica. Armonizar políticas industriales entre ambos países permitiría que muestren mayor fortaleza conjunta ante factores exógenos adversos, al tiempo en que puedan utilizar mejor el filo cooperativo de la espada, en lugar del competitivo; dotando de mayor equidad a la relación bilateral. Esto se vuelve clave en un contexto global que invita a la re-primarización de las exportaciones (Asef Horno, Brosio, Coatz, Dragun, 2016)
. Por ello, debemos ser conscientes de nuestro potencial. Juntos, Argentina y Brasil son la sexta economía del mundo, explican el 75% del PBI de América
del Sur y concentran el 80% de los establecimientos industriales del continente. A su vez, son los principales productores de proteínas del mundo y producen la mitad de la soja a nivel mundial. Sobre este inmenso potencial es que requerimos pensar, negociar y trabajar en conjunto. Salvo en Rusia, en junio de 2018, ahí Messi le va a ganar a Neymar.
Fuente: Bae negocios
Revista ForExport Espacio comunicacional relacionado con el comercio internacional y la logística dentro de la región.