El presidente Donald Trump fundamentó la suba de aranceles recíprocos, en el Liberation Day del 2 de abril, como una medida contra los países “que habían saqueado y expoliado a Estados Unidos a través del comercio”.
Pero, al entrar estos en vigencia el 7 de agosto, Brasil fue impactado por un arancel del 50%, uno de los más altos del mundo, a pesar que importa mas de Estados Unidos de lo que exporta. EEUU tiene superavit comercial con Brasil desde 2009 y en 2024 este fue de USD$ 6800 millones.
Claramente, el fundamento en el caso de Brasil no es económico ni comercial, sino político en represalia porque su aliado político, Jair Bolsonaro, ex presidente brasileño, está detenido y juzgado, acusado de planear un golpe de Estado. El caso de Brasil muestra cómo el presidente Trump utiliza el comercio como arma para influir en los asuntos internos de otro país.
Otros países también enfrentan subas de aranceles o amenazas por razones políticas: India por comprar petróleo ruso y Canadá amenazada si su Primer Ministro Mark Carney reconoce al Estado palestino.
El impacto de los aranceles de Trump en la economía brasileña parece ser acotado. Primero, porque se eximen a casi 700 productos de Brasil, entre los principales exportados a EEUU, incluyendo petróleo, aviones y partes, celulosa , jugo de naranja, fertilizantes y metales críticos.
Las exportaciones de café, carne vacuna y frutas tropicales quedaron alcanzadas y caerán sus exportaciones a EEUU. Pero, estas exportaciones de Brasil podrían redireccionarse a China que ya le compra la mayor parte de la carne vacuna y a Europa su mayor comprador de café.
Segundo, el efecto es acotado dado que de un total de USD 337 mil millones exportado por Brasil en 2024, el principal mercado es China con una participación del 28% y EEUU el segundo mercado con 12% en el total de exportaciones.
El comercio con China contribuyó al 41,4% del superávit comercial de Brasil en 2024. La suba de aranceles dispuesta por EEUU podría reforzar la dependencia de China como principal mercado de exportación y la caída relativa de EEUU como destino. Esto tendrá implicancias en el plano geopolítico en un contexto internacional signado por la rivalidad estratégica entre EEUU – China.
Brasil no ha decidido implementar aún medidas de retaliación comercial contra EEUU, no obstante que la negociación comercial en curso se frenó. El mayor riesgo respecto de la respuesta de Brasil es geopolítico, dependiendo de la respuesta del Presidente Lula. Se habría consultado con los BRICS sobre formas de contrarrestar los aranceles de Trump. Una retaliación coordinada por los BRICS podría desatar una escalada de la guerra comercial internacional, aumentar la incertidumbre, desacelerar más el crecimiento del comercio y de la economía mundial.
Confrontar a Trump puede servirle a Lula políticamente en la interna. Sus índices de popularidad han subido desde el anuncio de Trump, presentándose como defensor la soberanía de Brasil. Dado que el daño en las exportaciones de Brasil sería acotado, Lula debería evitar que esto escale en un conflicto internacional mayor lo que terminaría perjudicando más a Brasil y a la región.
Dado que el impacto en las exportaciones de Brasil sería acotado, similarmente, el impacto sobre las exportaciones locales es bajo. En el caso de la carne, podrían verse favorecidas. También, podría producirse un desvió de algunas ventas externas brasileñas hacia la Argentina y una mayor competencia entre ambos países en otros mercados. No obstante, por lo expuesto, el impacto, tanto favorable como desfavorable, sería acotado. Esta primera evaluación debe someterse a revisión en funcion de la reacción de Brasil.
Dado que el mayor riesgo respecto de la respuesta de Brasil a EEUU es geopolítico y a fin de evitar una escalada de la guerra comercial internacional, la Argentina debería tender puentes entre ambas naciones para mitigar la medida y mejorar la relación geopolítica de la región, teniendo en cuenta la relevancia estratégica que tiene Brasil para la Argentina.
Respecto del Mercosur, en un contexto internacional de marcado proteccionismo y un nuevo orden transaccional, Brasil y la Argentina deben sincerar a qué tipo de integración se comprometen. Históricamente, la armonización y coordinación de políticas y la construcción institucional que demanda la Unión Aduanera o el Mercado Común se convirtieron en obstáculos difíciles de resolver.
Actualmente, dado los aparentes diferentes alineamientos geopolíticos de Brasil y la Argentina, y la necesidad de mayor flexibilidad para negociaciones de política comercial en un orden transaccional, la alternativa de segundo mejor es transformar al Mercosur, consolidando primero una zona de libre comercio.
Esto puede hacerse por la vía de negociación de un nuevo Protocolo. Asi como el Protocolo de Ouro Preto en 1995, en sus considerandos, establece “la puesta en marcha de la Unión Aduanera como etapa para la construcción del mercado común, cambiándose el objetivo original del mercado común establecido en el Tratado de Asunción en 1991.
Un nuevo Protocolo así acordado en el Mercosur para consolidar primero una zona de libre comercio, permitiría a los países miembros recuperar el manejo de la política comercial de forma individual sin generar incertidumbre respecto del libre comercio entre los socios y del acceso al mercado de Brasil, lo cual es clave para el crecimiento del comercio y de las inversiones.
Fuente: Clarín
Revista ForExport Espacio comunicacional relacionado con el comercio internacional y la logística dentro de la región.