Durante las negociaciones en Bruselas, la industria brasileña aceptaría reducir a 5 años el período de gracia para el comienzo de la reducción de aranceles, lo que favorecería el cierre de las negociaciones.
El empantanado acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea podría estar viendo “una luz al final del túnel”. Una de las grandes trabas pendientes, aparte del capítulo agroalimentario, estaba en la dura postura de Brasil –con apoyo de Argentina– en el área automotriz.
Hasta ahora, la postura del Brasil era establecer un plazo de 15 años para la eliminación de los aranceles a los autos europeos, con un período de gracia de siete años, para comenzar a una reducción paulatina de los mismos. Durante esos siete años se mantendría la alícuota del 35% (con alguna cuota de importación anual sin arancel) y a partir del octavo comenzaría la reducción hasta llegar al 0% en el decimoquinto año.
Aunque el gobierno de Temer había mostrado voluntad de conceder en las negociaciones, en una reducción significativa de los aranceles a los autos europeos, si se aceptaba que éstos incorporaran un porcentaje determinado de piezas fabricadas en el Mercosur, la industria de su país se resistía a aceptar esa postura, pues reclamaba tiempo para hacer su adaptación.
Ahora, la industria automotriz brasileña, un sector muy poderoso de la economía del país, parecería estar dispuesta a hacer concesiones para arribar a un acuerdo. Ello concedería un punto muy a favor de los reclamos europeos, que pretendían reducir el período de gracia para comenzar a implementar la reducción de los aranceles a los autos de la UE.
Si en los próximos días se concreta en Bruselas, la flexibilización de la postura de Brasil en el tema automotriz, se levantaría una de las grandes trabas que aún perduran en la ardua negociación que lleva casi 20 años y se daría un paso firme hacia el cierre del acuerdo.
En la proximidad de los negociadores del bloque sudamericano, trascendió que las cámaras automotrices de Brasil habrían aceptado que el período de carencia se redujera de siete a cinco años, aunque con una serie de especificaciones respecto de las autopartes.
Ese período estaba proyectado para otorgar a las grandes fábricas de automotores del Mercosur (especialmente de Brasil pero también de Argentina) de un período de tiempo para su adecuación a las nuevas condiciones del mercado y hagan más competitivo a su sector ante las importaciones de coches europeos. La industria automotriz conjunta del Mercosur produce unos 2.600.000 autos (2,1 millones Brasil y 500.000 Argentina) y ambos países prevén aumentar alrededor de un 20% más en el próximo años.
La caída del mercado brasileño de varios años, por la recesión de ese país, obligó a Argentina a intentar diversificar sus mercados y en la actualidad coloca vehículos en México, Chile, Australia y Sudáfrica, entre otros.
Si la negociación arribara a este acuerdo en el capítulo automotriz, las expectativas negativas de un “cierre maquillado” de carácter político, para seguir negociando sine die, se habría despejado y las conversaciones podrían entrar en su etapa final, ya que la UE dejaría de lado los reclamos en materia agrícola y Francia quedaría bastante aislada en sus posturas proteccionistas para ese sector. En el tema agrícola no existe ese período de gracia y la reducción de los aranceles comienza a aplicarse desde el momento en que el acuerdo esté ratificado por los bloques firmantes.
Tanto para los negociadores de Argentina como de Brasil: “la negociación avanzó mucho y se encuentra en una etapa decisiva”. Así lo reconoció el secretario de Comercio Exterior de Brasil, Abrão Arabe Neto, que considera que “nunca se estuvo tan cerca de un acuerdo comercial”.
Mientras tanto, no faltan voces discordantes. Angus Wood, presidente de la Asociación de Agricultores Irlandeses (IFA), aprovechó las medidas europeas contra algunas plantas cárnicas brasileñas porque no cumplían con los estándares de la UE, para reclamar el rechazo a cualquier aumento de las importaciones de carne y atacó a la Comisionada de comercio de la UE, Cecilia Malmstrom diciendo que era “extremadamente ingenua al creer que los brasileños van a cumplir las normas de cualquier acuerdo comercial del Mercosur con la UE, especialmente con respecto al cumplimiento de las normas de UE sobre carne bovina u otras importaciones de carne” y la acusó de ser demasiado “fácil” con Brasil.
Los días que restan de esta semana serán decisivos para saber si el acuerdo podría tener avances hacia su conclusión o volverá a empantanarse.
Fuente: MarcoTrade
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