El impacto de la reelección de Lula en la agroindustria argentina: entramado comercial y competencia global.

Un informe del INAI y la Bolsa de Cereales analiza los efectos del escenario político en Brasil. Sin prever alteraciones en el flujo bilateral, advierte sobre mayores tensiones en la agenda externa del Mercosur y una puja creciente por mercados clave en Asia y África.

El mapa político de América del Sur trazó una bisagra con la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva al frente de la presidencia de Brasil.

Mientras los mercados financieros reaccionaban de inmediato a los resultados con turbulencias —una caída del 13,9% en el índice Ibovespa, una depreciación del 9% del Real y un incremento del riesgo soberano—, en las oficinas de las cámaras agroindustriales de Buenos Aires se analizaba el panorama con mayor frialdad técnica.

Un riguroso informe elaborado de manera conjunta por la Fundación del Instituto para las Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI) y la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BdC) pormenorizó cuáles serán las verdaderas implicancias del resultado electoral en el principal socio comercial del país.

Lejos de los alarmismos políticos o circunscripto a las sintonías ideológicas entre los mandatarios de turno, el documento arroja una primera conclusión contundente: las relaciones comerciales entre ambos gigantes sudamericanos responden a un entramado histórico e industrial que suele sobreponerse a las diferencias diplomáticas de sus presidentes.

Sin embargo, bajo la superficie de esta estabilidad bilateral, se están reconfigurando las placas tectónicas del Mercosur, el vínculo con Estados Unidos y la Unión Europea, y la feroz disputa por el abastecimiento agroalimentario mundial.

Estabilidad en el canal bilateral y la solidez del flujo comercial

Uno de los aportes centrales del informe técnico es despejar las dudas inmediatas sobre una posible interrupción o parálisis del comercio entre Argentina y Brasil.

La proximidad geográfica, la estructura de aranceles preferenciales consolidada desde la creación del Mercosur y las cadenas de suministro integradas entre empresas de ambas naciones demostraron ser amortiguadores eficaces frente a los vaivenes políticos.

Las cifras respaldan esa inercia comercial: Brasil continúa siendo el principal socio estratégico de la Argentina —al absorber el 14% de las exportaciones totales nacionales y proveer 24% de las importaciones— y se sostiene firme como el tercer destino en importancia para los embarques agroindustriales, representando el 9% de las ventas externas por un valor cercano a los US$ 3500 millones anuales.

El flujo no responde a afinidades políticas, sino a necesidades estructurales insustituibles.

La industria molinera brasileña no cuenta con producción local suficiente en cantidad ni calidad para abastecer la demanda interna de panificados.

Muestra de ello es que, en la reciente reunión sectorial de ABITRIGO, se proyectaron importaciones de trigo por más de 9 millones de toneladas para la campaña 2026/27, un volumen récord en las últimas tres décadas que fluirá desde las pampas argentinas sin importar quién habite el Palacio del Planalto.

Un fenómeno idéntico sucede con las exportaciones argentinas de leche en polvo, malta, cebada cervecera, mozzarella, papas congeladas, ajos y peras frescas.

El único riesgo implícito para Argentina en este terreno radica en la salud de la macroeconomía brasileña.

Si Lula no logra estabilizar las expectativas de los mercados e impulsar las reformas fiscales necesarias para sostener el consumo interno, una eventual desaceleración del vecino afectará de forma directa a las economías regionales y a los despachos de manufacturas de origen industrial (MOI) que parten desde las provincias argentinas.

El impacto de la reelección de Lula en la agroindustria argentina: entramado comercial y competencia global

Tensiones en el Mercosur y nuevas alianzas estratégicas

Si la relación bilateral transita por un carril de calma, la agenda de relacionamiento externo dentro del Mercosur promete convertirse en el principal foco de roce.

El gobierno del presidente Javier Milei imprimió una dinámica agresiva de aperturas comerciales, proponiendo acuerdos bilaterales de forma independiente cuando considera que las negociaciones en bloque sufren demoras.

Ejemplos claros de esta postura son la reciente solicitud de ingreso al CP-TPP, los avances con Estados Unidos y el lanzamiento de negociaciones bilaterales con Emiratos Árabes Unidos ante el estancamiento de las tratativas del bloque regional.

Brasil, históricamente celoso de las normas fundacionales del Mercosur, sostiene que cualquier tratado debe contar con el consenso unánime de los cuatro socios.

Sin embargo, los analistas del INAI sugieren que, ante la escasez de herramientas legales para frenar a Buenos Aires, Brasil optará por una estrategia de “flexibilización no gratuita”, evitando llevar el conflicto al extremo de amenazar la supervivencia del bloque.

Paralelamente, la continuidad de Lula abre una ventana de oportunidad geopolítica inesperada para la Argentina en su vínculo con Estados Unidos.

Las tensiones acumuladas entre Brasilia y Washington durante los últimos años —que derivaron en sobretasas comerciales de hasta el 50% para productos brasileños— abren un espacio para que Argentina consolide su posición estratégica.

Un mejor acceso relativo al mercado estadounidense representa una oportunidad de oro para aumentar la participación nacional —hoy inferior al 1% del total de las importaciones agroalimentarias norteamericanas— en rubros como carne bovina, miel, jugo de frutas, azúcar, tabaco y frutas frescas.

A su vez, la permanencia de Lula actúa como un facilitador indispensable para la ratificación definitiva del acuerdo Mercosur-Unión Europea.

Al despejar la figura del expresidente Jair Bolsonaro y los cuestionamientos sobre la política ambiental en el Amazonas, disminuyen las resistencias de los sectores ecologistas y agrícolas en el Parlamento Europeo.

Este avance resulta crucial para la agroindustria argentina, considerando que 70% de sus exportaciones a la Unión Europea ya ingresan con arancel cero y que nuestro país encabeza el nivel de aprovechamiento de las preferencias arancelarias en la región con casi un 60% de uso.

La disputa por los mercados globales de Asia y el Norte de África

Más allá de los marcos regulatorios y los bloques regionales, el informe de la Bolsa de Cereales pone el foco en el aspecto más competitivo de la relación: la expansión de Brasil como una superpotencia agroalimentaria inalcanzable en volumen y la colisión inevitable por los mismos compradores mundiales.

Gracias a políticas agrícolas sostenidas durante más de dos décadas y blindadas por la influyente “bancada ruralista” en el Congreso, Brasil casi triplicó su cosecha de granos en los últimos 20 años, pasando de 122 millones de toneladas en 2005/06 a un volumen récord de 362 millones de toneladas en la campaña 2025/26.

Explotando el esquema de doble cultivo (soja seguida de la “safrinha” de maíz) y expandiendo su frontera agrícola sobre las áreas del Cerrado, el gigante sudamericano colocó exportaciones del agronegocio por US$ 169.200 millones en 2025, frente a los US$ 51.000 millones alcanzados por la Argentina.

Ambos países no solo son socios; son competidores feroces que ofrecen los mismos productos —poroto, harina y aceite de soja, maíz, carnes bovina y aviar, azúcar, algodón y fruta— a la misma nómina de clientes encabezada por China, Vietnam, India, Indonesia, Chile y la Unión Europea.

En este ajedrez global, la política exterior del gobierno de Lula buscará intensificar la diversificación de sus exportaciones hacia destinos emergentes del sudeste asiático, el Norte de África y Medio Oriente para reducir su exposición comercial con Estados Unidos.

Se trata exactamente de las mismas regiones donde la Argentina necesita expandir sus despachos en la próxima década.

Con un escenario geopolítico fragmentado, la agroindustria argentina enfrentará el desafío de competir no solo con precio y calidad, sino con una capacidad diplomática e inteligencia comercial capaces de defender el terreno en cada puerto del mundo.

Fuente: TN