domingo 22 de septiembre de 2019
Trump y Xi Jinping sellan en febrero el nuevo pacto político estratégico.

Trump y Xi Jinping sellan en febrero el nuevo pacto político estratégico.

La semana pasada, el encuentro en Washington de 2 días entre el vicepremier chino Liu He, mano derecha de Xi Jinping en materia económica, financiera y monetaria, y Robert Lighthizer, representante comercial norteamericano (USTR), concluyó con un acuerdo completo sobre las “cuestiones estructurales” de China cuestionadas por EE.UU., en primer lugar, la defensa de la propiedad intelectual de las compañías transnacionales (44% del total son estadounidenses).

La prioridad otorgada a la propiedad intelectual está centrada en el programa denominado “Made in China 2025”, que EE.UU. considera una “amenaza existencial” para sus “intereses vitales” (Estrategia de Seguridad Nacional/2017). El acuerdo va a ser sellado por un nuevo encuentro personal entre Trump y Xi Jinping que tendrá lugar en la última semana de febrero en territorio chino.

Es un pacto político/estratégico, no económico o comercial. Se refiere a la relación de fuerzas entre las dos superpotencias; y establece por su naturaleza la nueva estructura básica del poder mundial. Trump y Xi Jinping han fijado las pautas de un nuevo Estado Mundial.

Trump y Xi Jinping han restablecido el carácter esencial del liderazgo político en el fenómeno del poder, que fue ocultado por la hegemonía de una burocracia anónima e irresponsable creada por la revolución de la técnica, acorde con su naturaleza “instrumental” (“El mundo moderno es la lucha del carisma contra la burocracia”, dice Max Weber). Trump y Xi Jinping acordaron un sistema de poder mundial basado en la cooperación y coordinación permanentes entre las superpotencias, en que el último resorte de decisión es la voluntad inapelable de los 2 líderes.

El primero de los “aspectos estructurales” acordados en Washington es la defensa irrestricta de la “propiedad intelectual” de las transnacionales norteamericanas, sancionando toda forma de transferencia forzada, lo que implica la desaparición de las joint ventures en un plazo de 3 años. Esta prioridad se basa en la premisa de que en el capitalismo avanzado lo esencial no es la “propiedad de los medios de producción”, sino el dominio del conocimiento, más importante que el capital o el trabajo. El único capital que importa en la cuarta revolución industrial es el “intelectual”, no el fijo o hundido.

Como pacto político/estratégico, lo que interesa en el acuerdo Trump/Xi Jinping no son los principios, sino los resultados. Todo gira sobre “cómo, cuándo y dónde”. La política es un mundo de realidades, no de intenciones.

Por eso, cada uno de los puntos acordados está acompañado por la precisa identificación de sus instrumentos de implementación, sujeto a supervisión por una comisión permanente de las dos partes, con un diálogo directo y constante, sin intermediarios, entre Trump y Xi Jinping.

Standard & Poor´s (S&P Global) —la principal evaluadora de riesgos y valores bursátiles de EE.UU.— asume un papel semejante en el mercado bursátil de la República Popular (el segundo del mundo después del estadounidense/ US$13 billones) a partir del 1 de enero de 2019; y Fitch y Moody´s, sus competidores en Wall Street, se suman en 2019.

Bloomberg incorpora desde el 1 de abril los títulos chinos en reminbi a su Índice Barclay de Bonos Globales (US$ 54 billones), que serán los 4tos del mundo en moneda extranjera (1ro en dólares; luego en euros; y yenes en 3er lugar), mientras se aprestan a ser los 2dos en 2 años.

El objetivo de China es multiplicar por 2 o 3 la inversión extranjera (IED), esencialmente la de alta tecnología/capital intensiva de EE.UU., en los próximos 3/5 años. El año pasado, la República Popular recibió US$138.000 millones en IED, más US$100.000 millones vía Hong Kong. El promedio tarifario de la República Popular es 7,5%, y sería recortado a la mitad en los próximos 3 años (el nivel de EE.UU. hoy).

La fase de reformas lanzada por Xi Jinping tiene por objetivo “…crear en China un ambiente de negocios de primer nivel global para las grandes compañías transnacionales”, ante todo las norteamericanas, logrando un salto cualitativo en el proceso de integración mundial del sistema capitalista.

El acuerdo Trump/Xi Jinping se transforma por el peso de las cosas (las dos superpotencias representan más de 40% del PBI global y responden por casi 50% del crecimiento de la economía mundial en 2018) en la línea política central de la sociedad global creada por la revolución de la técnica en el siglo XXI.

La visión en que se funda este pacto histórico es que la humanidad, absolutamente integrada, tiene un futuro compartido de prosperidad y despliegue de todo el potencial de creatividad de los individuos y de los pueblos (es el otro nombre de la felicidad). Para eso, el camino que le toca recorrer al mundo en los próximos 10/15/20 años es de cooperación, integración, y estabilidad; y todo esto mientras se despliega una nueva revolución industrial en la economía global, que es la 4ta en la historia del capitalismo.