jueves 22 de agosto de 2019
¿Por qué el dólar alto no alcanza y sigue la crisis de las economías regionales?

¿Por qué el dólar alto no alcanza y sigue la crisis de las economías regionales?

CORDOBA. A pesar de que el valor del dólar casi se duplicó en un año, las economías regionales no salen de la crisis. Según datos de Came, los productores de legumbres, leche, vino, tabaco, miel, yerba, cítricos, frutas finas y verduras registran un nulo o escaso nivel de rentabilidad. La respuesta, según un análisis del Ieral, pasa porque todavía hay que recuperar la estabilidad macroeconómica (dólar, tasas, inflación) y también reducir costos de producción y ventas.

El economista Jorge Day advierte, además, que las empresas deben asumir que «tampoco es una salida con visión de futuro» pretender conciliar políticas de dólar barato, salarios altos en esa moneda y permanencia de una economía cerrada que limite la amenaza de las importaciones. «Con ese esquema, se resiente el tamaño del mercado y el ingreso de los argentinos se habrá de seguir rezagando en relación al mundo».

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Los pronósticos para este año señalan que el dólar se rezagaría un poco, pero se mantendría elevado, las altas tasas de interés irían disminuyendo muy gradualmente y el mercado interno tendría una recuperación muy lenta. Es decir que la industria que sustituye importaciones y una parte de las economías regionales seguirán con problemas.

Respecto de los costos, el comportamiento no es homogéneo. Cuando el dólar se encarece, se reduce el costo laboral en esa moneda al licuarse los salarios, pero no se modifican los de insumos importados. Ese ítem disminuye el ingreso de las empresas por menor volumen de ventas.

En algunas economías regionales el peso de la mano de obra es muy relevante, especialmente en el agro con cosecha manual (frutas, uvas, chacra). Pero no es tan alto en la agroindustria y en el resto de la industria, actividades que tenían un problema porque -en una economía cerrada- no era fácil conseguir insumos importados baratos cuando el dólar lo era.

Otro aspecto a tener en cuenta es que no todas estas actividades tienen el mismo mix de ventas. Cuando el dólar se encarece favorece a quienes exportan la mayor parte de su producción (soja, ciruela seca, ajo, aceite de limón) pero complica a los orientados al mercado interno, como los fabricantes de vinos genéricos, por la caída en el poder de compra de los clientes nacionales.

Por ejemplo, en durazno, este año se espera una menor oferta por una baja cosecha y crecimiento de la demanda externa (empujada por el mejor tipo de cambio y una reactivación de Brasil. Sin embargo, los productores se quejan por los bajos precios de la fruta ya que están concentrados en el mercado interno, muy deprimido.

Otro caso es el de la yerba mate, un producto que se destina en su mayor parte al mercado local, donde el consumo aumentó. «Sin embargo los productores no consiguen una mejora en lo que cobran que les permita cubrir sus costos», dijo Day a LA NACION. Recaman un precio de $13 por kilo «de mínima» ya que su grilla de costos le da una base de $15,36; hoy la hoja verde se paga $8,40 y hay versiones de que el Instituto Nacional de la Yerba Mate no aprobaría más que 10% de mejora.

Una situación similar se da en el azúcar: los productores aseguran que bajaron los precios para financiarse frente a las altas tasas de interés. Una bolsa de 50 kilos que cotizaba a $600 se terminó vendiendo a $500. Buscan comercializar más para cubrir los costos; cosecha y flete les insumen alrededor de la mitad del precio de una bolsa.

Con la leche el panorama es parecido: la escalada del dólar disparó los precios del alimento balanceado, la genética y la energía. Destinado al mercado interno, lo que cobran les es insuficiente.

«Si una buena parte de las economías regionales están en problemas, es porque siguen muy orientadas al mercado interno», define Day.

Lo mismo ocurre con una parte de la industria nacional, principalmente la que es sustituta de importaciones (textiles, línea blanca, autos), con una particularidad. Cuando el dólar estaba barato, la preocupación era la amenaza de las importaciones que, aunque se frenaban por distintas medidas, se concretaban por las compras de argentinos en el exterior (ropa, calzado, celulares, informática).

Con un dólar caro bajan las importaciones pero el problema pasa a ser la reducción del consumo local, inconveniente que no se puede resolver tan fácilmente. «Las importaciones se podían frenar, pero no así la caída de ingresos de la población. Esta es una de las razones por las cuales una parte de la industria sustitutiva de importaciones está peor ahora».

Sobre las tasas de interés, el reporte apunta que el agro y la industria son actividades que tienen necesidades de capital de trabajo. En el campo se compran los insumos, y luego de varios meses, se obtiene la producción, se vende, y se cobra tiempo más tarde. Por ejemplo, en la industria del vino, la brecha es mayor en los vinos de alta gama, por su añejamiento.

Así, tanto agro como industria están muy influidas por la tasa de interés que el año pasado se disparó y en varios casos obligó a apurar ventas lo que leva transitoriamente la oferta de productos, reduciendo su precio. Esta dinámica se notó en vinos.

¿Hubo un error en el diagnóstico, creyendo que un dólar más caro automáticamente favorecería a las economías regionales y a la industria nacional? Para Day sí, porque sólo se consideraban los costos laborales. El atraso cambiario era un problema porque se traducía en costos altos en dólares (especialmente los laborales), y se agravaba porque, por el proteccionismo, era difícil traer insumos y equipos importados baratos.

Por: Gabriela Origlia

Fuente: La Nación