sábado 15 de diciembre de 2018
La UE lanzó un astuto programa antidumping para lidiar con el problema chino

La UE lanzó un astuto programa antidumping para lidiar con el problema chino

Hay pocas áreas dentro de la política comercial en las que se dedica más esfuerzo en regular una parte del comercio más pequeña que las leyes de antidumping.

El limitado alcance de los derechos antidumping y compensatorios es famoso: en la UE, recaen sobre menos del 1% de las importaciones. Sin embargo, desde los aranceles sobre el acero de 2002 en la era Bush hasta la guerra textil de 2005 y las diferencias por los paneles solares de 2012-13, la tendencia de que los temas de comercio global más generales se resuelvan en el terreno de defensa comercial hace que capten un nivel de atención desproporcionado.
Si bien la guerra textil tenía que ver con el fin de los cupos mundiales en ese sector industrial, y las disputas por los paneles solares con captar participación de mercado global en una tecnología de rápido despliegue, la última controversia está vinculada con la integración de China en la economía internacional.
Los anteriores comisarios comerciales Peter Mandelson y Karel De Gucht, atrapados en medio de peleas entre los estados miembro, trataron pero sin suerte reformar los instrumentos de defensa comercial de la UE. Necesitaron lidiar con el status de economía no de mercado de China, 15 años después de su ingreso a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001, y con el caso que Beijing inició contra Bruselas hace un año cuando no logró levantar la designación, para que surja una propuesta de cambio aceptable para los estados miembro.
La reforma, que entra en vigor esta semana, está inspirada en el espíritu europeo pragmático que linda con lo arbitrario. Si bien la ley norteamericana de antidumping tiende a correr por rieles bastante derechos, aunque en dirección a los inmensos márgenes, la legislación de la UE tradicionalmente ha dado libertad a las autoridades para que decidan sobre perjuicios importantes y márgenes de dumping y de hecho, si los aranceles benefician a la UE.
La nueva estrategia continúa con esta tradición de abolir la distinción entre las economías de mercado y de no mercado, esquivando así el reclamo que llevó a que China presente el caso ante la OMC. En cambio, permite evidencias provenientes de una serie de fuentes para probar “distorsiones sustanciales en el mercado” en la economía del productor exportador. Esas distorsiones pueden citarse para justificar el uso de los costos en el cálculo del dumping en un “país representativo” diferente o en otro lugar.
En un giro que agregó el Parlamento Europeo, la UE también permitió usar criterios de estándares sociales y ambientales para elegir entre los países representativos.
Los críticos del régimen antidumpling de la UE tienen la idea de que la normas nuevas, y en particular las vagas definiciones de “distorsiones sustanciales en el mercado” darán a la comisión demasiada discreción para discriminar entre exportadores. Para ahorrarles a las compañías denunciantes el esfuerzo de probar ellas mismas las distorsiones, la comisión elaborará informes ya redactó uno sobre China sobre interferencia del mercado en costos y precios en socios comerciales sin escrúpulos. Los informes se convertirán esencialmente en un manual de reclamos.
Casi seguramente, (suponiendo que queden jueces en el Órgano de Apelación) hay que entrar en el órgano de solución de diferencias de la OMC para ordenar las cosas. El borrador de la ley de Bruselas ya tomó en cuenta el caso del biodiesel con Argentina que perdió la UE el año pasado. Ese fallo se refirió el cálculo del costo de producción para determinar la existencia de dumping. Argentina había alegado que la UE no determinó el precio de producción en base a los registros de los productores sino en base a una presunta distorsión de esos valores como consecuencia de la aplicación de retenciones a la soja.
En otras palabras, la UE tiene que proceder cuidadosamente caso por caso. La mayoría de los funcionarios y abogados de Bruselas parece pensar que la nueva ley podría sobrevivir una impugnación “tal cual está redactada” en la OMC, pero no a una impugnación por aplicación concreta de leyes, conocida como “as applied challenge”.
En ese caso, la ley no necesariamente tendrá que redactarse nuevamente desde cero, sino que la estrategia de la UE deberá ser recalibrado y el manual de reclamos constantemente actualizado. El uso de criterios sociales y ambientales en la elección de un país representativo por comparación también tendría que disminuir fuertemente.
Siendo optimistas, eso podría producir un resultado relativamente positivo: sería un enfoque flexible que gradualmente se ajusta y se vuelve más predecible con la aplicación de los fallos de la OMC. Por supuesto, cada caso de la OMC se trata de manera individual, y el proceso de solución de diferencias no es un sistema del common law que crea precedentes vinculantes. Pero siempre y cuando la UE esté preparada para ajustar su estrategia al espíritu de los fallos, francamente podría haber maneras peores de abordar el tema. Definitivamente, la estrategia degradada es más probable que conduzca a la paz que la elección binaria de designar a China como una economía de mercado o de no mercado.
La relación de China con la solución de diferencias de la OMC ha avanzado mucho en los últimos 15 años. Empezó diciendo que un caso de la OMC presentado en su contra era una ofensa a la dignidad nacional. Llegó a reconocer que la solución de diferencias a menudo sirve como una negociación por otros medios. Beijing sin dudas se opondrá a la nueva ley como se opuso a la determinación de economía no de mercado, si bien quizás se olvide por un tiempo del caso contra la UE y se concentre en el reclamo que presentó el año pasado contra Estados Unidos.
El mejor resultado de esta situación sería que la UE reconozca a China como economía de mercado, como señala el acuerdo original de incorporación del país a la OMC. Pero desde la política se reclama hacer algo con las importaciones chinas que supuestamente inundaron el mercado. La nueva norma quizás sea un compromiso razonablemente sólido entre política, economía y ley.
La UE tiene que elegir entre apaciguar sus industrias locales que compiten con las importaciones y respetar sus obligaciones con la OMC. Lo hizo creando una ley a su manera: en forma selectiva que linda con la improvisación, con la discriminación. No es una belleza administrativa. Pero manejada con cuidado podría ayudar a colocar la pirotecnia de las diferencias de defensa comercial otra vez en su caja por varios años.

Fuente:El Cronista