martes 23 de octubre de 2018
La sequía y otros riesgos climáticos ponen en alerta el comercio y la producción mundial de alimentos

La sequía y otros riesgos climáticos ponen en alerta el comercio y la producción mundial de alimentos

La noticia de la dramática alerta por la sequía en Ciudad del Cabo, la posibilidad de que la ciudad se quede sin agua en menos de 100 días y la declaración del Gobierno de Sudáfrica de estado de “desastre nacional” debido a la sequía que afecta a las regiones del sur y el oeste del país, no son más que un signo de lo que hemos querido ignorar. Profecía autocumplida, por ignorancia, dejadez política y prevalencia de intereses privados por encima de los públicos, la carencia hídrica y otros riesgos climáticos ponen en jaque la producción y el comercio mundial de alimentos.

La noticia de que Ciudad del Cabo, segunda ciudad de Sudáfrica y una de las principales capitales turísticas del continente africano, con casi cuatro millones y medio de habitantes, pueda quedarse sin agua a partir del mes de abril, sacude los titulares de la prensa mundial.

La sequía en Sudáfrica comenzó hace tres años a causa del fenómeno climático ‘El Niño’. Pero desde hace varias décadas los científicos y el IPCC viene pronosticando que uno de los desafíos más serios para la humanidad serán sequías, cada vez más severas y recurrentes en todo el mundo.

Los expertos que estudian la evolución del cambio climático y sus consecuencias llevan años señalando que la escasez en la disponibilidad de agua, el aumento de la población y la concentración urbana, agravarán los efectos de las sequías en las grandes ciudades. Pero el cambio climático está poniendo a prueba no solo la resiliencia de las grandes ciudades sino la propia producción global de alimentos.

Grandes productores mundiales de alimentos como Argentina, Brasil o España también soportan las consecuencias de las sequías y otros riesgos climáticos.

La sequía golpea las previsiones de cosecha argentina de soja y compromete el resultado de la campaña, lo que ya produjo una subida de precios en Chicago de 1,9% en soja y un 3,6% en trigo, después de reportes de menor producción argentina de la Bolsa de Cereales de ese país y del USDA. Sobre una previsión inicial de cosecha de soja y maíz de 95 millones de toneladas, el cálculo por sequía la redujo a 89 millones. El incremento consiguiente del precio lo pagarán los consumidores de todo el Planeta.

En el sector de café de Brasil sucede algo parecido. Ya no espera una ‘supercosecha’ en 2018. Cooperativas y productores cafeteros de Brasil han rebajado las perspectivas de que este año sería la mayor cosecha de la historia (60 millones de sacos), debido a una severa sequía en las principales regiones del país. Zonas cafeteras tradicionales del mayor productor mundial de café recibieron apenas una quinta parte de lo normal para el período. Los problemas con la sequía no son nuevos en Brasil, un país inmenso de más de 8,5 millones de kms2. En 2014, la falta de agua puso en jaque durante meses a Sao Paulo, la ciudad más grande de Sudámerica e incluso la región amazónica registró en 2010 descenso de sus ríos.

El Informe de Riesgos Globales 2018 del Foro Económico Mundial detalló en Davos, que las amenazas ambientales por condiciones climáticas extremas serán uno de los mayores peligros a afrontar este año. Para los líderes mundiales en la Encuesta WEF de Percepción de Riesgos Globales, los riesgos ambientales han crecido en importancia en los últimos años: “Hemos estado exigiendo al máximo nuestro planeta y los daños se están haciendo cada vez más claros y evidentes. Se está perdiendo biodiversidad a tasas de extinción masiva, los sistemas agrícolas están bajo tensión, y la contaminación del aire y el mar se han convertido en un peligro cada vez más angustiante para la salud humana. La tendencia hacia el unilateralismo de naciones y estados podría hacer más difícil que se sostengan las respuestas multilaterales a largo plazo que se requieren para contrarrestar el calentamiento global y los efectos negativos sobre el medio ambiente global”.

Entre los 30 riesgos globales que se les pidió que enumeraran por grado de importancia en términos de probabilidad e impacto, les dieron prioridad a los cinco riesgos ambientales: clima extremo; pérdida de la biodiversidad y colapso en el ecosistema; catástrofes naturales; desastres medioambientales provocados por la acción del ser humano; y el fracaso en la mitigación y adaptación al cambio climático. De todos estos, los sucesos de clima extremo han sido considerados como el riesgo más importante.

Sequía y otros riesgos climáticos disparan la contratación de los seguros agrarios

En España, el subsecretario de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Jaime Haddad, abordó en enero, con las organizaciones profesionales agrarias y cooperativas Agroalimentarias de su país, las medidas adoptadas para hacer frente a la sequía y otros problemas del sector. Valoró que el capital asegurado ante riesgos climáticos adversos en las explotaciones, en 2017 superó los € 13.600 millones, un 8% más que el año anterior que ya fue record histórico de capital asegurado. El volumen de indemnizaciones totales recibidas a través del seguro agrario en 2017 superó los € 711 millones para el conjunto de riesgos y líneas de seguros.

El costo de las exenciones fiscales para paliar los efectos producidos por la sequía en determinadas cuencas hidrográficas (por ej. del Segura y del Júcar) fueron de  € 53,7 millones, a lo que deben agregarse más de 28 actuaciones de emergencia en esas cuencas que insumieron otros € 83 millones para mitigar los efectos de la sequía, más otros € 80 millones de ayudas al agua desalada y obras de regadío para Huesca, León y Valencia. Todos costos que impactan sobre el precio final de los alimentos.

Si los peores pronósticos se cumplen y las lluvias no llegan en su auxilio, en abril llegará el “día cero” para Ciudad del Cabo, que podrá convertirse en la primera gran metrópoli del mundo que dejará de suministrar agua potable y saneamiento a sus habitantes, un servicio que la ONU declara como derecho humano básico. Garantizar ese abastecimiento va a convertirse en uno de los mayores desafíos. Queda por preguntarse cómo se garantizará que el precio de los alimentos no se desboque ante la carencia de agua o del impacto del clima extremo sobre la producción.

Fuente:MarcoTrade