viernes 16 de noviembre de 2018
Guerra comercial: Fracasaron los dos días de negociaciones

Guerra comercial: Fracasaron los dos días de negociaciones

La expectativa despertada por la visita de una delegación china a Washington ha concluido sin el menor avance. La preocupación se extiende ahora a la cadena de suministros y al mercado de divisas.

La guerra comercial iniciada por Estados Unidos contra China han entrado en una segunda fase al ponerse en marcha la aplicación de una nueva nómina de productos con aranceles por 16.000 millones de dólares, el pasado jueves por ambas partes.

El 25% de las tarifas adicionales de Washington dio inicio el jueves para 279 productos, incluidos circuitos integrados, productos plásticos y caucho. Beijing respondió con represalias sobre 333 productos, incluidos ciertos tipos de papel, automóviles y chatarra de cobre. También presentó una queja ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Ante la inminencia de la aplicación de esta etapa de aranceles, la carga con destino a los puertos de EEUU habían aumentado significativamente en las últimas semanas ya que los importadores estadounidenses buscaban anticiparse a los nuevos aranceles.

Si bien los negociadores comerciales de ambos países se reunieron en Washington, durante dos días (miércoles y jueves) tal como había anticipado MARCO, no se esperaban sorpresas positivas ni resultados de ese encuentro.

Los comunicados de ambos países fueron puramente protocolares: “Valoramos la delegación china que llegó a EEUU para participar en estas reuniones para discutir cómo lograr la equidad, el equilibrio y la reciprocidad en la relación económica, incluso al abordar cuestiones estructurales en China” se dijo desde la Casa Blanca.

China respondió en un comunicado oficial del Ministerio de Comercio, que “ambos países tuvieron un intercambio constructivo y franco sobre cuestiones comerciales y que se mantendrán en contacto con respecto a los próximos pasos”.

Para los expertos en relaciones sino-estadounidenses, las cosas podrían empeorar. Trump está dispuesto a elevar a u$s 200.000 millones adicionales la aplicación de aranceles punitivos a bienes chinos y las represalias de China alcanzarán a los u$s 60.000 millones de bienes estadounidenses.

Todo indica que esa tendencia no se detendrá porque el grupo de “halcones” que rodea al presidente Trump tiene posición tomada en contra de China desde hace años y cree que ha llegado el momento de atacar.

Trump tiene una idea totalmente trasnochada y equivocada de lo que es hoy el comercio internacional. Responde a una concepción medieval del comercio, en la que uno gana sólo si el otro pierde. Renunció a firmar el TTIP, que iba a conseguir que las exportaciones de bienes y servicios entre EEUU y la Unión Europea creciesen un 28% y que las ganancias netas para la UE fueran de €119.000 millones por año y para EEUU de u$s 95.000 millones anuales. También descartó el TPP que le permitía ampliar mercados al 40% del PIB mundial (Japón, Australia, N. Zelanda, Indonesia, Malasia, Brunei, Singapur, Japón, Perú, Chile y Canadá).

Trump no entiende que reducir sus importaciones de China no creará empleos en EEUU. Sólo subirá los precios de lo que consumen los estadounidenses y en todo caso, creará empleos en países sustitutos como Malasia, Vietnam o Bangladesh.

No ha comprendido que ya ocurrió el fenómeno irreversible de la globalización. En 1960, el contenido medio de los inputs importados de otros países, en el producto final mundial era sólo del 20%, pero hoy es ya del 45% y será del 60% en 2030.

El problema es que el incremento de la guerra comercial amenaza con desestabilizar las cadenas de suministro internacionales que las grandes empresas transnacionales han construido durante años, uniendo centros de fabricación en todo el Planeta y generar serias consecuencias económicas para todos en el futuro, aunque haya victorias en el corto plazo.

El presidente Donald Trump tampoco parece advertir que la actual ‘euforia’ de la economía estadounidense se debe, en gran parte, al resultado de la ‘droga’ que supuso el recorte de impuestos a gran escala que estableció su administración y como advierten la mayoría de los economistas del país y del mundo, tendrá su brusco ‘bajón’. Los analistas ven una posible contracción antes de 2020, cuando los efectos de los recortes de impuestos se desvanezcan.

Los nuevos aranceles por parte de Washington sobre las importaciones chinas pueden provocar esa caída aún más rápido, ya que significan mayores costos de importación, menores beneficios corporativos y merma del consumo.

Trump apostó a debilitar la economía china que estaba en etapa de desaceleración ya que el gobierno de Xi buscaba evitar el endeudamiento excesivo y moderar la inversión en infraestructura. Pero a partir de este otoño, el presidente Xi Jinping ya dispuso la reactivación de las infraestructuras. Proyectos de nuevos ferrocarriles y metros en todo el país han sido puestos en marcha.

Otra de las preocupaciones es si la guerra comercial se extiende al mercado de divisas. La reciente caída en el valor del yuan ayudó a China a compensar el impacto de los aranceles más altos. Y Trump parece olvidar que China es dueña de más de un billón de dólares de bonos de deuda de EEUU.

Fuente: Agencias – Redacción Marco