jueves 21 de enero de 2021
El bloque comercial más grande del mundo.

El bloque comercial más grande del mundo.

El bloque comercial más grande del mundo.
Un acuerdo que cambia el eje de los negocios internacionales
Respuestas. Está integrado por países de Asia, más Australia y Nueva Zelanda. Eliminará aranceles a la importación a lo largo de 20 años. ¿Habrá impacto sobre la Argentina?
El pasado 15 de noviembre se firmó el “RCEP” (Regional Comprehensive Economic Partnership, en inglés; Alianza Integradora Económica Regional, en castellano), un acuerdo de libre comercio entre 15 países asiáticos que sumados integran el 30% del producto mundial y generan el 28% del comercio internacional del planeta. Se trata del mayor acuerdo de libre comercio del mundo a la fecha; e incluye a China, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y los países que forman actualmente al ASEAN. El pacto eliminará aranceles a las importaciones entre sus miembros (reducción gradual que tomará hasta 20 años) e incluye otras provisiones respecto a propiedad intelectual, telecomunicaciones, servicios financieros, comercio electrónico y servicios profesionales.
Este nuevo acuerdo confirma una tendencia hacia la apertura internacional regular de los países (tendencia que no han podido detener ni el COVID-19 ni Donald Trump y que supera a los agoreros pronósticos en contrario). Y que no incluye solo la reducción de aranceles entre socios sino también la creación de alianzas en materia de regulaciones internas comunes.
Antes de éste fueron otros recientes ejemplos de grandes acuerdos los firmados entre la Unión Europea y Japón; la Unión Europea y Canadá; el CPTPP que crearon los 11 países que siguieron con el viejo TPP cuando los EE.UU. del Presidente Trump lo abandonaron; y el ACFTA que integró en un ambicioso tratado comercial a 24 países africanos.
Existen en el mundo ya unos 310 acuerdos de apertura regional vigentes (en el año 2010 los vigentes eran poco más de 200, y en el año 2000 apenas rondaban los 100). Dentro de ellos se genera alrededor del 60% de todo el comercio trasfronterizo global y en un par de lustros esa suma crecerá hasta los dos tercios del total.
Este proceso de integración regional que se fortificó desde la llegada del siglo XXI ha solidificado una base del comercio internacional reduciendo el arancel promedio en frontera en todo el mundo desde 15,5% hace 25 años hasta 5,5% hoy. Pero adicionalmente ha generado espacios que crean una constante energía integradora que profundiza día a día el encadenamiento productivo internacional: tres cuartas partes de los 26 billones de dólares que se comercian en el mundo entre los países ocurre dentro de lo que se conoce como cadenas internacionales de valor, que consisten en arquitecturas vinculares entre empresas que operan como socias en sistemas de constante relacion económica supraestatal.
El antiguo ideal de un mundo integrado universalmente para todos y sin excepción no funcionó (y la “vieja” Organización Mundial de Comercio lo padece); pero, a cambio, los países han decidido elegir amigos, formar grupos y abrirse recíprocamente entre aliados. El mundo amplia mercados a través de “clubes de socios”. Pertenecer tiene sus privilegios y no hacerlo tiene costos.
Así, a la vez que los aranceles en promedio se reducen en el mundo, las exigencias cualitativas (no arancelarias) en los negocios internacionales más que se duplicaron desde que comenzó el siglo hasta hoy. La tendencia consiste en bajar impuestos en frontera pero elevar requisitos para participar dentro de redes de economías más exigentes.
Luego del gran impacto que ha producido la pandemia del COVID-19 el mundo se mueve como un gran espacio que muestra 5 características:
* Creciente cambio tecnológico (la llamada intangibilización de la economía)
* Nuevas exigencias cualitativas (más altos estándares requeridos).
* Prevalencia de empresas internacionales (aun si son pymes estas se transforman en micromultinacionales).
* Nuevos contenidos en los pactos entre países para crear confluencias regulativas entre los signatarios.
* Creciente influencia de la geopolítica en los negocios.
Siendo un pacto negociado durante varios años y (por ello) concretado sin los contenidos más modernos, el RCEP es un acuerdo que tiene grandes implicancias geoeconómicas: Asia ha pasado de generar el 14% de todo el comercio internacional mundial en 1950, al 26% en el año 2000 y al 35% del total planetario ya hoy. Y dentro de este continente -y de este pacto- se incluyen muchos de los grandes jugadores mundiales como China -el segundo mayor actor del comercio internacional luego de EE.UU., que es el primero-; Japón -es el 5to mayor-; Corea del Sur -el 9no-; Singapur -el 11vo- y Australia -el 20mo-.
El mundo está atravesando una nueva etapa de la globalización que hoy es más sistémica y mas compleja, y en la que 6 grandes flujos entrelazados imprimen una dinámica supranacional a la economía (podíamos llamarla la “globalización hexagonal”), y esos flujos son el comercio internacional de bienes; el de servicios; los flujos de inversión extranjera directa; los financiamientos internacionales; las migraciones (físicas y virtuales); y el tráfico de datos, información y conocimiento por sobre las fronteras (esto último es ahora lo más importante).
Este proceso está apoyado en una nueva economía en la que el principal motor ya no es el dinero, ni la naturaleza, ni las maquinas; sino que es el capital intelectual, que consiste -como explican Edvinsson y Sullivan- en la motorización productiva por el conocimiento que puede ser convertido en valor y que se encuentra formado por recursos tales como las ideas, los inventos, las tecnologías, los programas informáticos, los diseños, el saber hacer, la organización y los procesos.
Todo aquello que contribuya a facilitar la interacción de empresas más allá de las fronteras es un factor de competitividad para acelerar estas tendencias.
La World Intellectual Property Organization publicó hace poco lo que llamó “La geografía de la innovacion” (Local Hotspots Global Networks), presentada por Francis Gurry -su director general-. En este trabajo expresó que la economía actual tiene un gran motor en el conocimiento tecnológico y que éste es en el mundo a la vez incrementalmente global pero intensivamente concentrado en unos algunos puntos focales (hotspots) que entre ellos forman unas redes dentro de las cuales estos puntos se vinculan sistémicamente. A esto los especialistas lo llaman Global Innovation Networks (GIN).
Pues ocurre que los acuerdos económicos internacionales son basamento de estas nuevas plataformas. Y estos pactos siguen proliferando, a tal punto que en los últimos días se hizo público que la Unión Europea y el Reino Unido están avanzando velozmente en la negociación de un acuerdo de libre comercio para que el Brexit ya iniciado no impida el mantenimiento de ciertas redes productivas intraeuropeas.
Mas aun, estos acuerdos internacionales van evolucionando cualitativamente y en sus contenidos para consolidar la nueva economía, y prueba de ello es que mientras a inicios de este siglo solo el 25% de los tratados vigentes contenía normas dirigidas a la protección de la propiedad intelectual hoy el 100% las incluye. Mas aun, conforme se consolida esta nueva etapa ya se están firmando pactos de tremenda avanzada como el reciente “DEPA” que concretaron hace algunos meses Nueva Zelanda, Chile y Singapur (en el que se ha invitado a participar a nuevos socios para el futuro) cuyo propósito es liberar todo el comercio digital entre sus miembros.
La Argentina espera
Ahora bien: lo referido es un llamado de atención para Argentina. Somos una economía que al estar poco integrada al resto del mundo padece baja inversión, poca competencia, reducida competitividad, crisis cambiarias, estancamiento y menor calidad y cantidad de empleo. Tenemos una de las 10 economías con menor participación del comercio internacional en su PBI en todo el planeta y la que tiene el menor stock de inversión extranjera directa en relación con su PBI en Latinoamérica. Contamos con pocos instrumentos de integración y apenas el Mercosur (desactualizado y básicamente remitido solo a bajar aranceles entre sus socios e imponer altas restricciones en frontera al comercio con terceros países) es un acuerdo del que formamos parte y al que hemos sumado algún otro aliado cercano.
El Mercosur, dicho sea de paso, es el bloque con menor participación del comercio internacional en su producto bruto regional agregado entre todos los bloques vigentes en el planeta (el promedio de ese ratio en el mundo duplica al del Mercosur). Es por esto que los demás socios del bloque propugnan ahora acuerdos con terceros (incluyendo el hasta hoy fallido con la Unión Europea) además de reducir el arancel externo común (que tiene una alícuota promedio que casi triplica al promedio del arancel mundial).
El nuevo RCEP, así como otras iniciativas similares en el mundo, insiste en un camino: por más espasmos críticos que aparezcan en algunos lares la reversión de la internacionalidad seria costosísima e inconveniente y los pasos integrativos se siguen dando entre no pocos países.
Como en tantas otras disciplinas, para Argentina ésto puede significar una invitación a sumarse a la tendencia, o una amenaza con perderse una oportunidad, o -al menos- una enseñanza para tomar propias decisiones.
Fuente: Clarín
Marcelo Elizondo
Especialista en negocios internacionales.