lunes 17 de diciembre de 2018
Con importaciones en baja, el regreso del superávit comercial es inminente.

Con importaciones en baja, el regreso del superávit comercial es inminente.

Con recesión (y fuerte caída del consumo) y un dólar que subió casi 100% en pocos meses es lógico que las importaciones se derrumben. Importar es más caro y no hay demanda suficiente.

Algo así ya está pasando. Según el ICA del Indec, en agosto achicaron 0,3% en valor y 5,4% en cantidades. La baja hubiera sido más poderosa si no hubiera subido 58% la factura de combustibles (sus precios subieron 33%) y no hubiera sido necesario importar casi US$ 200 millones más de porotos de soja para atender la falta de insumos locales producto de la dura sequía. “Descontando estos factores, las importaciones hubieran caído 9% en agosto”, apuntan desde LCG. De hecho, los otros renglones importadores tuvieron bajas sensibles, incluso de dos dígitos, como bienes de capital (-25%) o vehículos de pasajeros (-15%).

Con importaciones en baja, el regreso del superávit comercial es inminente

Por esos factores puntuales, y por exportaciones que no ayudaron (-1,4%), el saldo comercial de agosto fue deficitario en US$ 1.127 millones contra pronósticos de un rojo de US$ 200-300 millones.

Pero septiembre trajo novedades alentadoras. Por ejemplo, el hecho, difundido ayer, del regreso (luego de varios años de furiosos rojos) del superávit comercial con Brasil. Fue solo un mes y una cifra testimonial (apenas US$ 6 millones), pero una señal de que el comercio exterior está ajustando. Las compras a Brasil cayeron 35,2% el mes pasado.

A la vez, AFIP dijo, también ayer, que la recaudación por IVA Aduana se desplomó 26% el mes pasado. En concreto, las importaciones están cayendo con fuerza y algunos expertos, como Martín Polo, creen que el superávit comercial extraviado en 2016 podría regresar a escena. Se verá hacia fin de mes cuando el Indec divulgue el ICA del mes pasado.

Se trata, sin embargo, de un ajuste “malo”, si se quiere, porque no se nutre de más exportaciones sino menos importaciones. El próximo desafío es que la fuerte suba de competitividad-precio contagie a la exportaciones, que no han sido un motor en 2018 porque el tipo de cambio arrancó atrasado y, sobre todo, la sequía. Y porque, además, Argentina ha perdido capacidad exportadora (en rigor, el boom de los 2000 fue más por precios que por cantidades) y, además, no está integrada a las famosas Cadenas Globales de Valor (CGV).

El 2019 trae mejores perspectivas, lluvia, Vaca Muerta y Brasil mediante, y así lo avizoran en Hacienda. El Presupuesto 2019 proyecta un avance de las exportaciones de 20,9%. Sería clave para activar nuevos motores, y más sanos, para crecer. ¿Será posible semejante salto? Se verá porque el comercio global, también es cierto, no pasa por sus mejores días.

Aun así, el regreso del superávit comercial (ya sea para septiembre o en algún momento del cuarto trimestre) sería una noticia fuerte para los mercados porque mostraría que Argentina tiene capacidad de generar dólares reales, además de pedir préstamos, tomar deuda y consumir divisas como un V8. Ayudaría, a la vez, para bajar el gran déficit de Cuenta Corriente, hoy estimado en 5% del PIB, con la ayuda de una balanza turística también más equilibrada.

Fuente: El Economista