martes 2 de marzo de 2021
China va por todo: quiere globalizar su moneda digital.

China va por todo: quiere globalizar su moneda digital.

China va por todo: quiere globalizar su moneda digital.
China parece haber dado otro paso importante en su búsqueda para alejar al mundo del dólar y posicionarse como una potencia importante en los mercados financieros mundiales.
El Banco Central de China estableció una asociación con SWIFT, el sistema global para pagos transfronterizos, a través de su instituto de investigación de moneda digital y su centro de compensación.
La medida generó “especulaciones sobre la búsqueda del Banco Central de promover el uso global de su moneda digital”, informó el jueves el Global Times, operado por el estado chino.
Entre líneas
China está muy por delante de EE.UU. en el desarrollo de una moneda digital respaldada por un Banco Central y, como tal, podría estar muy por delante en el futuro de los pagos globales y la liquidación financiera.
Si China puede consolidar el yuan como la moneda digital favorita del mundo, podría desplazar al dólar y brindarle a China los inmensos privilegios globales de los que disfrutó Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
China ha estado abriendo sus mercados financieros y ahora tiene acciones del continente que cotizan en las principales bolsas internacionales como MSCI y sus bonos gubernamentales se han agregado a los índices de bonos de referencia global Bloomberg y JPMorgan.
Del otro lado, el gobernador de la Reserva Federal, Lael Brainard, dijo en un discurso en agosto que la Fed estaba trabajando para construir y probar una moneda digital del Banco Central, y señaló que las CBDC “presentan oportunidades pero también riesgos asociados con la privacidad, la actividad ilícita y estabilidad financiera”.
La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, se mostró igualmente ambivalente sobre el desarrollo de una CBDC en enero, diciendo que “tomará una buena cantidad de tiempo asegurarse de que sea segura”, y agregó: “Espero que no sean más de cinco ( años)”.
Fuente: El Economista