lunes 17 de diciembre de 2018
Brasil, una promesa de alivio para el mal momento argentino.

Brasil, una promesa de alivio para el mal momento argentino.

Los analistas coinciden en que, pese a las previsiones, será el ambiente político el que determine el destino de la economía.

Brasilia (enviado especial) – Las elecciones brasileñas de este domingo revisten una importancia especial para la Argentina, más allá del interés que suscita la posibilidad de que el Partido de los Trabajadores experimente un retorno milagroso o que se imponga la novedad de tener que convivir con un vecino de ultraderecha. Dicho interés pasa por lo económico, dada la necesidad de que la demanda de este país gigantesco traccione exportaciones y producción en un momento de aguda debilidad nacional.

Es difícil exagerar esa relevancia, a pesar de la relativa decadencia del Mercosur y del intercambio comercial bilateral (ver aparte). Brasil es, pese a sus males recientes, la novena economía del mundo, posee un mercado de casi 210 millones de personas, importa por unos 160.000 millones de dólares y es el principal emisor regional de inversiones directas.

Como si eso fuera poco, cada punto de crecimiento que se registra aquí genera aproximadamente un cuarto de punto en la Argentina, maná del cielo en un momento en el que el Gobierno de Mauricio Macri solo atina a anunciar “meses difíciles” y ya no quiere apostar la credibilidad que le queda a la lotería de arriesgar en qué momento llegará el rebote.

De acuerdo con el último informe Focus del Banco Central de Brasil (un sondeo entre economistas y consultoras de referencia equivalente a nuestro Relevamiento de Expectativas de Mercado, REM), la economía de este país avanzará el 2,5% en 2019 lo que, en principio, aportaría, como reflejo, más de medio punto porcentual a la Argentina, un alivio que podría sumarse al que provea el campo y, acaso, a algún pico electoralista en medio del derrumbe del consumo.

El dato se hace más sustancioso cuando se indaga en las vías por las que circula ese contagio virtuoso. Además de seguir siendo el principal cliente de nuestro país, más de dos tercios de lo que se le exporta a Brasil son bienes industriales, cuya producción es la más golpeada en la actual coyuntura.

Humo

Sin embargo, esas expectativas son humo mientras no se sepa quién será el futuro presidente brasileño y mientras los principales candidatos no expliciten claramente un programa de Gobierno.

André Luiz Cavalcanti, doctor en Administración y doctorando en Economía Política y profesor de la prestigiosa Universidad de Brasilia, le dijo a Ámbito Financiero que “no veo tan claramente esos pronósticos de crecimiento porque hay mucha incertidumbre y lo político puede interferir. No sabemos si el presidente será (Jair) Bolsonaro o (Fernando) Haddad y, además, ninguno de ellos deja realmente en claro qué medidas adoptaría”.

“Bolsonaro indicó como su referente económico a Paulo Guedes, que es un liberal y tiene su propia corredora (de Bolsa), pero que no tiene ninguna experiencia en la gestión pública. Haddad, por su parte, es un heterodoxo, alguien concentrado en la agenda del desarrollo y no tanto en la corrección del déficit fiscal, que es lo que preocupa al mercado y que es lo que explica la crisis actual”, añadió.

Pese a los esfuerzos de Michel Temer y a los ajustes de su exministro de Hacienda y hoy (fallido) candidato presidencial Henrique Meirelles, el déficit fiscal primario (antes del pago de intereses) de Brasil asciende a un 1,3% del PBI, cifra que se eleva por encima de un impactante 7% cuando se incluyen en el cálculo los compromisos de deuda. Esa es la espada que pende sobre el país y que explica las urgencias por controlar el gasto y llevar a cabo una reforma previsional.

Hay en Brasil un consenso amplio de que la cuestión fiscal es crucial para que el país supere su actual tasa de inversión, un famélico 16%, y dé así lugar a un proceso de crecimiento sustentable. Hasta Haddad lo admite, cuando critica los desvíos fiscales del último tramo del Gobierno de Dilma Rousseff y recuerda su propio historial en la Alcaldía de San Pablo, que entregó con grado de inversión.

En ese sentido, una de las mayores reformas de Temer, el congelamiento del gasto público en términos reales (esto es que solo ajustará de acuerdo con la inflación por diez años), recién empezará a regir en 2019. Bolsonaro no lo ha cuestionado pero sí Haddad, que lo considera un desastre para la calidad de los servicios públicos por no contemplar ni siquiera el aumento poblacional que en ese lapso llenará más las escuelas y los hospitales.

Mientras, la comunidad de negocios de Brasil espera que eso se mantenga, lo mismo que la flexibilización laboral. Pretende, además, que el próximo Gobierno avance con la más difícil y crucial de las reformas promercado, la previsional, sin la cual, afirman, el Estado brasileño quebrará en pocos años. “Esta es una elección entre visiones antagónicas”, explicó Cavalcanti.

En efecto, en su programa, Bolsonaro promete reducir la deuda pública en un 20% a través de un programa radical de privatizaciones y en lo previsional pasar a un sistema de capitalización, como el que tuvo la Argentina en los 90. Haddad, en cambio, propone controlar el gasto público y equilibrar los ingresos previsionales en base a una apuesta al crecimiento económico.

Desconfianza

El tema es creerles. El economista señaló que “por más que Haddad hable de equilibrio fiscal, el mercado no confía” y recordó que Bolsonaro, pese a lo que diga Guedes, “nunca fue un liberal sino un nacionalista que defendió un mayor rol del Estado en la economía. Si se volvió liberal fue en la campaña, solo por conveniencia y para atraer al capital financiero”, agregó. Pese a que la Bolsa de San Pablo suba o baje al ritmo de la suerte del excapitán, no son pocos los que piensan así.

De hecho, “Standard & Poor´s -explicó- dijo esta semana que un triunfo de Bolsonaro podría poner en riesgo la calificación de la deuda de Brasil. Es curioso: mientras el mercado local lo ve como su garante, el internacional lo considera un factor de riesgo, un outsider sin una propuesta concreta”, recordó Cavalcanti.

Por último, más allá de la verdadera voluntad de uno u otro por abordar los problemas del país como el mercado reclama, hay que considerar el riesgo político.

Para el analista político y profesor de la Universidad de Brasilia, Creomar de Souza, “ningún candidato tiene asegurada la gobernabilidad. Tanto Bolsonaro como Haddad tendrán muchísimas dificultades en construir una relación positiva con el Congreso”.

Fuente: Ámbito.com