lunes 22 de julio de 2019
Acuerdo Mercosur-UE: un bienvenido acoplamiento a la economía mundial.

Acuerdo Mercosur-UE: un bienvenido acoplamiento a la economía mundial.

Mucho no se puede decir del acuerdo Mercosur-Unión Europea hasta que se conozcan los textos y la letra chica. Tampoco se pueden esperar resultados inmediatos con un acuerdo que necesitará dos años como mínimo para entrar en vigencia y cuyos plazos de implementación para las rebajas arancelarias llegan hasta los 15 años. Lo que sí es cierto es que deja atrás la etapa de un desarrollo autárquico para acoplarse al dinamismo de la economía mundial. Los países que han firmado acuerdos con la Unión Europea no han visto trastocadas sus economías o perdido la independencia, pero han ganado en confiabilidad, estabilidad en las reglas y mejorado sus condiciones de acceso.

El Mercosur también se ha beneficiado al demostrar la decisión de avanzar conjuntamente en la apertura y la modernización de sus economías. Hasta pocos días antes de la firma de este acuerdo no existía seguridad sobre su continuidad con el mismo formato y se buscaban alternativas, porque los límites del mercado regional y las restricciones institucionales no permitían la formulación de políticas para promover la inversión y el comercio internacional. El acuerdo replantea primero la vigencia del Mercosur y, en segundo lugar, también abre en el mediano plazo una perspectiva para vincularse en condiciones similares a las de otros países a un mercado conformado por 28 países y 520 millones de personas.

Todo acuerdo levanta interrogantes sobre la capacidad de los sectores privado y público para adaptarse a la nueva situación. Los plazos deberían permitirle al sector privado prepararse para competir con la Unión Europea, donde los salarios promedios triplican a los salarios nacionales y los costos de los servicios por constituir una región desarrollada superan a los vigentes en el Mercosur. Las importaciones de la UE desde la región solo fueron 52.634 millones que representaron menos del 1% del total, mientras que las importaciones alcanzaron 50.777 millones, equivalentes al 0,9 por ciento. Las exportaciones de Brasil representan el 80% y las importaciones, el 70% del comercio regional. El impacto del comercio para la Unión Europea es marginal; constituye más una demostración política en momentos donde resurgen los movimientos antiglobalización.

El comercio entre la Unión Europea y la Argentina tendrá un impacto menor en la economía nacional que el fuerte incremento del intercambio y los acuerdos firmados en 2014 con la República Popular China, denominados de Alianza Estratégica Integral, que incluyeron la adjudicación directa a empresas de ese país con financiación subsidiada en compras gubernamentales. Las empresas chinas, y en especial cuando son públicas, tienen la facilidad de acceder a créditos con tasas inferiores a las del mercado internacional y en la estructura de costos los salarios son inferiores a los nacionales, lo que dificulta las posibilidades de competir. La Argentina importó 11.019 y exportó por 3205, con un saldo desfavorable de 7813 millones. La composición de las exportaciones chinas es 70% bienes industriales y 30% mano de obra intensiva.

El acuerdo con la Unión Europea también debería incluir reglas sobre transparencia y colaboración en la lucha contra la corrupción, la erosión de la base impositiva y la transferencia de beneficios, según las normas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que son de interés para ambas partes para asegurar que la recaudación impositiva tenga lugar donde se genera la ganancia. Estas coincidencias son difíciles de lograr con países de regímenes institucionales diferentes.

La plena vigencia del acuerdo recién tendrá lugar en 17 años. Para ese año se espera que la economía mundial haya sufrido grandes transformaciones con la robotización, la informática, la inteligencia artificial, la medicina biológica y los automotores eléctricos, que requerirán un replanteo de las estructuras productivas y sociales. Este futurismo no forma parte de los acuerdos de libre comercio, pero siempre favorece estar cerca de los países donde se producen esos cambios más que encerrados en una economía perezosa para incorporar esas modificaciones.

El autor es diplomático y analista internacional.

Fuente: Bae